Octava rosa de bronce: “Indiferencia”

Sigue que sigue yo sigo mirando,

mirando una voz que no saluda

y yo erre que erre escuchando,

escuchando una  triste foto muda.

Erre que errando paso la mañana

sentado, mirando por la ventana.


 

Francisco Escribano (Madrid)

https://eljardindefisco.wordpress.com/2016/03/26/octava-rosa-de-bronce-indiferencia/

Séptima rosa de bronce “Zhivago”

Te palpo, con guante de látex.

Te escucho, a ritmo de sístole.

Te observo, a través del microscopio.

Te huelo, en una rosa de bronce.

Te saboreo, cada noche.

 

Tal vez no lo hice por ti,

tal vez lo hice por salvarme.

 

Sé que achacarás todo a una locura invertebrada.

Vértebra a vértebra construí mi propio cadáver.

Al fin y al cabo ¿Qué nos queda para vernos?

Yo voy paso a paso caminando hacia Antares

y miro tu reloj, pero solo veo ecuaciones.


 

Francisco Escribano (Madrid)

https://eljardindefisco.wordpress.com/2016/03/14/septima-rosa-de-bronce-zhivago/

Sexta rosa de bronce “El jardín de las rosas de bronce”

Cuando palidece el astro rey,

en un jardín de turmalina obscura,

con nocturnidad, ajenas a ley

alguna, ocultas en la espesura

de un mar de bronce de excelsa grey;

florecen rosas que se apresura

en asir mi corazón vehemente,

entre Salamanca y Benavente.

 

La noche entiende del verso que salva.

Mientras lo banal se hace importante

lo esencial arde al albor del alba.

Se salva una vida insignificante

según otras perecen a mansalva;

mas por siempre serás mi eterno amante.

¡Vuela! ¡Corre! ¡Huye como alma en pena!

jardín, tú que cultivas mi condena.


 

Francisco Escribano (Madrid)

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Quinta rosa de bronce “Mente acristalada”

En noche de acristalada mente:

Aprendí a saber contar en tu pelo.

Valoré el sentirme vivo de nuevo.

Conocí aquello que era la suerte.

 

¡Ojalá no fuera tan diferente!

Deduzco que el rechazo asusta al fiero.

Maldigo pues matarte puede el miedo

y me hallo solo, solo ante la muerte.

 

Aunque fuere ebrio y entre murmullos;

histriónico, venga Caronte el díscolo

en remar su nave sobre el Duero.

 

Hierático, en tanto que sin óbolo,

por verte me desnude de mi orgullo

y lo cruce a pie y sin dinero.


 

Francisco Escribano (MADRID)

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Cuarta rosa de bronce “En el límite de la imaginación”

Manifestación ostentosa de herejía,

efímera a la par que vacua e incompleta.

Escrita en verso sabor a melancolía

y no tan triste como inoportuna.

 

Esta es una historia de rosas que marchitan,

de podrían ser que nunca serán.

 

Hablamos de dar sentido a la ignominia.

¡No es bucólico sino cruel!

Con fino pincel escribo el tercer panel

del jardín de las delicias.

 

Lo he visto, o quizás lo imaginé:

Nos damos la mano en un futuro que nunca ocurrirá

y caminamos juntos, separados, a solas.

 

¿Real o no?


 

Francisco Escribano (Madrid)

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Tercera rosa de bronce “De cómo tú y yo nos conocimos”

Harto caprichoso urde el sino;

embaucado a hacerme jardinero

fui por el täimado sempiterno,

afanoso en alzar tan lábil nido.

 

De cómo tú y yo nos conocimos;

de a golpe de muy noble caduceo

o un muy leal cuervo de buen agüero,

no recuerdo si era invierno o estío.

 

Cruzamos la mirada por azar,

donde en sueño caoba y sin saberlo

con la tuya me besaste al pasar.

 

Tu caparazón de agua singular

no protege, mas bravo yo te velo;

yo te velo y tú vuelas y te vas.


Francisco Escribano (Madrid)

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Primera rosa de bronce

Pasión con desenfreno que aterra

al otrora pendón de la templanza

y busca razón pero no la alcanza

sobre el vasto mar ni la balda tierra.

 

Ocho flechas me hirieron en la guerra.

Una quedó sin cobrar su venganza,

falló mi corazón en la matanza;

sólo una nada más es la que yerra.

 

Certero arquero es maese Cupido.

¡Cuán funesto honor, gloria, loa y gozo

resultar por su arco elegido!

 

En Samotracia sólo queda olvido,

Victoria huyó con Sophía en sollozo;

Afrodita en su altar se ha erigido.


 

Francisco Escribano (Madrid)


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