Segunda rosa de bronce “Él”

¡Querubín! Descendido tempranero

a escorrentía por torres flanqueada;

así ufanos choquen sus espadas

los Horacios por ver semblante apuesto.

 

¡Serafín! Tú, el de áureos cabellos:

Sonríe y salta al son de las campanas,

con tu nívea tez, de apariencia nácar;

fragua de Ceres, orquídea de Hefesto.

 

En tus labios murió la sensatez

a manos de asesina presta

que refugió en tus ojos sabor miel.

 

¿Quizás despecho o fuera por placer?

¿Por qué asesinara la belleza?

Tal vez por envidiarte, no lo sé.


 

Francisco Escribano (Madrid)

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