Vino a mi encuentro. Paseó su mirada por mí, poseyéndome educadamente, y yo,
macerando en la dicha de observar la placidez disociada que surge de algo para habitar
en lo real, lo observé, casi tangible… . Recibir, en cortesía reciproca, algo de el eco de
sus acciones. Conservar, aquello dirigido a mí, sin tocarlo, ¡que llegue!, el lazo de calor
que se forma entre dos personas, que deviene en fervoroso, limpio, cuando ya ha
pasado… . Y me toca otro eco, que pide un baile… .
Como la ensoñación dulce de una locura vivida con madurez, no lo medito porque estoy
desnudo. No me entrego, no voy, envuelto en mi propia negatividad, a través de música
en otrora tendente a lo impersonal, sintiéndome culpable por el antaño tedio con
aquellas láminas… . Sin embargo creo en lo que irradia mi centro, lo que también
irradian sus iris, el regalo. Me desato como quitan los matojos los tercos, como el que se
deja llevar por una partida de naipes, ciego en mi necedad, inmaduro, como si hubiera
venido al mundo en aquellos pasados tres días de soledad, queriendo llegar esta vez,
queriendo llegar. Aún así… .


Unari.E.S. (Madrid. España.)

Extracto de la obra de poesía: “Bioma”

Vieja, mi vieja puerta .(Imagen encontró (otro)poema)

Francisco Fernández Jiménez

Cuántas historias hay detrás de cualquier puerta, dímelo a mí. Yo apenas rondaba los 8 años, un niño creciendo en una sociedad que la modernidad  le gritaba a los ojos. Mi madre, hacia la maleta para llevarnos a visitar a mis parientes a 16 horas en carretera, en un pueblo llamado Cantaura al oeste de Venezuela.

Y allí estaba yo, no sólo bajándome del  autobús de aquel terminal improvisado de busetas y coches ,en medio de una plaza de un siglo cualquiera, menos este .

Allí estaba yo, un estereotipo de niño moderno o quizá una copia mal lograda de los niños del primer mundo en el tercero.

Y allí, justo en frente, esa puerta gigante, antaña, maltratada  y sobreviviente de las republicas instauradas y fallidas, todo un fortín custodiando los tesoros más preciados de mis tatarabuelos, que dormían detrás de esa puerta envejecida con rostro  casi humano, allí estaba yo.

Eran las 6 de la mañana y ahí estábamos parados en frente de aquella desprotegida puerta antañona vestida con una especie de cinturón ,muy extraño, recubriendo su barriga.

Allí, parado en la lejanía de un tiempo que transcurre , ha quedado esa puerta en mis recuerdos, tatuada  con la tinta ahumada de los evocaciones.Tiempo inclemente, tiempo que va desnudando puertas y memorias.

Hoy medio siglo después, mis viejos  ancestros siguen durmiendo detrás  de la vieja puerta custodiada por ese cinturón, muy extraño en su barriga, erigida como fortín ante los ojos de otra generación que vive , desafortunadamente, en otra fallida república. Esa, mi vieja,mi vieja puerta.


 Poema: José Lara Fuentes (Wales- Cardiff)

https://wordpress.com/stats/day/joselarafuentes.wordpress.com


Imagen: Francisco Fernández Jiménez (El Ejido, Almería)

http://youtube.com/c/Audiolibrosencastellano

 

Chica virtual (Busca imagen)

Tú y de nuevo tu
es en todo lo que suelo pensar cuando mi cuerpo yace casi inerte, sobre el gélido suelo de mi piso observando el puto cielo raso y aquella lámpara de luz como escape a mi realidad; como escape al puñado de mentiras al cual debo hacer frente cada día
Oportuno recuerdo de tu sonrisa, cuando el agobio y crudeza del mundo se proponen el reto de vencerme, y coño! de clavármela por niñato, por creer que la vida sería indulgente por creer que todos buscan el bien de quienes le rodean.
¡Un vete a la mierda y que os den por culo!  salen casi sin pensarlo, cuando hago recuerdo de todo esto.
tú y de nuevo tu
cuando volver a casa tan solo es agradable porque estas del otro lado de mi laptop
justo ahí, tan lejos y distante, pero con esa magia tan tuya que traspasa todos esos pormenores, que aleja circunstancias, problemáticas e ismos. Y cuando de nuevo, todo estereotipo dejas de lado
porque ves en mí, una persona. sea cual sea la historia, sea cual sea el destino elegido.
¡Tú, y de nuevo tú!
porque, aunque jamás estuve frente a ti, ni tuve el gusto de perderme en tu mirada
te encargaste de que siempre te sintiera; Justo ahí, justo junto a mí.
Tú y de nuevo tú, cuando es el alma y no el cuerpo quien exhala como último aliento, un estridente pero insonoro grito de auxilio, que pide por ti, que pide por nosotros.
Que pide agarrar con nuestras manos el mañana y mirar el pasado, a un ritmo descompasado.
Por todo ello debo decirte, quizá confesarte que eres mucho más que el trivial sinónimo de felicidad,
De lo agradable, de aquello que conforta y de aquello que alienta.
Y es que… si hoy debiera describirte y decir mucho más que lo evidente lo explícito y fundamental tendría que ir mucho más allá del fallujah. para hallarte así, verdaderamente entre lo increíble, lo extraordinario.
para decir que eres linda. Encaminarme tendría, en una infinita odisea donde la razón y aquello que se busca es encontrarte en donde realmente perteneces; ¡entre lo hermoso, y lo divino! ¡En donde hasta la mismísima venus tendría celos de ti! —¡lo juro!
Por último, y quizá lo más relevante que me reste decir
Razón de todo este typing e idea central de mis pensamientos, es hacer especial hincapié y hablar de la ternura que desbordas. Ternura que como palabra en analogía contigo queda corta de significado, Porque pareces haber sido creada de ello, como tu materia en esencia fundamental. Por qué pareces haber sido creada con eso que mueve el mundo en un ciclo de armonía. De aquello que traspasa barreras, circunstancias, Ideologías y modelos de pensamientos condicionados. De aquello que es más fuerte que cualquier odio, cualquier manto de oscuridad, o dolor que confine nuestras almas incluso. en definitivo, más fuerte que cualquier otra puta cosa, en el vasto universo.
y es por todo ello que tú, y de nuevo tu ¡Eres amor!
Tú, y de nuevo tú 
¡Eres mi idilio!


Wilson victoria (Santiago de cali-colombia)

De lo más leído… (2013)

El trueque

Sirviéndose del trueque, en otros tiempos, aún imaginamos las tablas de cambio como tablas de la ley, gran cantidad de campesinos, antes todos vivían de la misma tierra, salían adelante. Tu necesidad por la mía, aunque fuera la misma, simplemente un cambio en el menú, las tres lechugas de este reemplazarían al kilo de patatas de aquel. Cada capricho, si puede llamarse así, la cama de la noche de bodas, equivaldría a un gran juego de números y posibilidades, cambiarías con aquel primero para obtener el producto de aquel segundo y de nuevo regresar a aquel primero, que probablemente buscara jugosa manufactura. Aparecieron años después, cuando algunos imploraban nuevas tretas y necedades, las primeras monedas, antes piezas de cambio, repudiando lo ajeno en beneficio de lo propio, más cruz que cara, también canto. Se olvidaron entonces lechugas, patatas y camas de matrimonio, desbarajustes del ser, sobresaliendo los tenedores, jornada fija, sin cambios y con compras, comiendo todos del mismo metal. Entre los árboles más altos, a falta de monedas, voz baja hasta las tantas, colgadas las tablas en algún lugar, practicar el trueque sin nada suena divertido.

Jaime Gallego (Madrid)

El Trueque

Sirviéndose del trueque, en otros tiempos, aún imaginamos las tablas de cambio como tablas de la ley, gran cantidad de campesinos, antes todos vivían de la misma tierra, salían adelante. Tu necesidad por la mía, aunque fuera la misma, simplemente un cambio en el menú, las tres lechugas de este reemplazarían al kilo de patatas de aquel. Cada capricho, si puede llamarse así, la cama de la noche de bodas, equivaldría a un gran juego de números y posibilidades, cambiarías con aquel primero para obtener el producto de aquel segundo y de nuevo regresar a aquel primero, que probablemente buscara jugosa manufactura. Aparecieron años después, cuando algunos imploraban nuevas tretas y necedades, las primeras monedas, antes piezas de cambio, repudiando lo ajeno en beneficio de lo propio, más cruz que cara, también canto. Se olvidaron entonces lechugas, patatas y camas de matrimonio, desbarajustes del ser, sobresaliendo los tenedores, jornada fija, sin cambios y con compras, comiendo todos del mismo metal. Entre los árboles más altos, a falta de monedas, voz baja hasta las tantas, colgadas las tablas en algún lugar, practicar el trueque sin nada suena divertido.


Jaime Gallego (Madrid)

“Llamadas perdidas”

A veces la única solución es abrazar el problema. Quiero decirte que cuando quemas, incendio el mundo para acercarme a ti. Y que cuando no estás comienzo a temblar sólo para que me creas. Tengo tantas cosas que decirte que sólo me sale mirarte. Antes he mentido, también sigo temblando, pero créeme cuando te digo que dependo mucho de las cosas que se han ido, que han comenzado a faltar. Y que cada vez que suena el teléfono una parte de mí sigue esperando que seas tú, y que cuando llaman a la puerta, sólo puedo imaginarte al otro lado, y que quieras entrar a mi vida, y quedarte, y ser felices juntos. A veces necesito eso. Qué quieres que te diga soy una catástrofe y no puedo hacer nada porque no puedo ser menos de lo que no soy, ni más de lo que fui contigo.

Empiezo a creer que somos llamadas perdidas, de esas de que nunca te enteras cuando sucedieron. Pues así con ella. Y, es que del amor a sobrevivir hay un solo paso. Espero nunca lo entiendas. Aunque el problema muchas veces fue que cuando ya sólo sabíamos alejarnos teníamos la necesidad constante de demostrarnos las cosas cuando ya ni demostrar las cosas podía salvarnos. Y le echábamos la culpa a la distancia, porque las palabras ya no alcanzaban, y cuando le gritaba “atrévete” ella escuchaba las últimas cuatro letras: “vete” y la perdía cada vez más.

Tengo fotografías que nunca me hice con personas a las que jamás volví a ver. Pero qué hago si nunca aprendí a querer sino era arañándome por dentro. Y mañana siempre puede ser o no ser el día de cruzarnos, pero si lo hacemos será bonito porque no me reconocerás. Hazme caso, la vida comienza cuando conoces a alguien que te cambia los esquemas, las ganas, el mundo y acaba cuando un día despiertas y a tu lado ya no hay nadie sobre la cama, sólo tú.

A estas alturas parece que la única manera de escapar del precipicio es saltando en él, y que sea lo que tenga que ser. O que no sea, porque a veces, al no estar ella, suelo olvidar cómo era eso de vivir. Porque sin ti el verano es un poco invierno. Y con las demás estaciones ha sido igual.

 


Alejandro Segura (Puebla, México)
Blog: Entre tus blancos y mis grises.

Kilómetros

No me preguntes cómo he llegado hasta aquí. No lo hagas. Terminé cansándome de la tristeza, de las despedidas, de la esperanza, de los ojalás. De que te dieras cuenta de que seguía sonriéndote cuando ya te habías alejado. Eso, pero un día no me pude quedar más, así que intenté sobrevivir lo mejor que pude. Desperté un domingo y seguía cayendo igual de rápido, porque después de todo, las ausencias se me siguen notando en la sonrisa. ¿Sabes? Es como que algo importante falta y no sabes muy bien cómo llenar el espacio. No sé, quizá al final de eso se trata todo, de reemplazar el vacío. De ser otro diferente al que eras. De encontrar a quien piense que nuestras ruinas son un bonito lugar para construir. No sé si me explico, no de dejarlo todo por alguien, pero de darlo todo por algo, por cualquier cosa, que es mejor que quedarte con nada o peor aún, a medias. Y yo que pensaba que iba a quedarme esperando siempre ese autobús que ya había pasado, toda la vida. Y con el tiempo acabas entendiendo que la distancia no son los kilómetros, la distancia es abrazarse y no calar en la otra persona. Pero tú abrazas como sólo tú sabes hacerlo. Los kilómetros son de echarte de menos, son las ganas de volver a verte desde que te vas. Pero supongo que eso es el amor, que nunca logren alejarte del todo para hacerte olvidar. Todavía puedo sorprenderme. A lo mejor me verás algún día recordándote a escondidas, cuando nadie mire, y voy a sonreír hasta olvidar porque había empezado a hacerlo. Y te voy querer hasta que las cosas buenas dejen de ser difíciles. Esto lleva su tiempo, cariño, como las mudanzas, sólo que esta vez la que se muda eres tú y yo me quedo. Aquí. Donde siempre, donde tampoco se está tan mal sin tener la sensación de que ya sólo eres la mitad de algo que hace tiempo no está. Y luego regresarás, cuando ya sea demasiado tarde, y te diré que ya lo era desde antes de comenzar, luego tus ojos me dirán ‘ven’, mientras yo cerraré los míos como deseando escapar. Como si me recordara a mí mismo que me hace daño volver a excederme con el alcohol. Contigo, claro. Como si el día de mañana se resumiera al ir y venir de tu cabello o el de tus caderas. Así que me voy, no estaré antes de que vuelvas a mirarme como si quizá. Antes de que recuerde que las cosas van perdiendo sentido sino te llevo al lado. Así que prepárate cariño, la tormenta sigue aquí, y yo espero que nunca te des cuenta de que sigo teniendo un huracán en el pecho.

 


Alejando Segura Ciudad: Puebla (México) “Entre tus blancos y mis grises”.

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