Vino a mi encuentro. Paseó su mirada por mí, poseyéndome educadamente, y yo,
macerando en la dicha de observar la placidez disociada que surge de algo para habitar
en lo real, lo observé, casi tangible… . Recibir, en cortesía reciproca, algo de el eco de
sus acciones. Conservar, aquello dirigido a mí, sin tocarlo, ¡que llegue!, el lazo de calor
que se forma entre dos personas, que deviene en fervoroso, limpio, cuando ya ha
pasado… . Y me toca otro eco, que pide un baile… .
Como la ensoñación dulce de una locura vivida con madurez, no lo medito porque estoy
desnudo. No me entrego, no voy, envuelto en mi propia negatividad, a través de música
en otrora tendente a lo impersonal, sintiéndome culpable por el antaño tedio con
aquellas láminas… . Sin embargo creo en lo que irradia mi centro, lo que también
irradian sus iris, el regalo. Me desato como quitan los matojos los tercos, como el que se
deja llevar por una partida de naipes, ciego en mi necedad, inmaduro, como si hubiera
venido al mundo en aquellos pasados tres días de soledad, queriendo llegar esta vez,
queriendo llegar. Aún así… .


Unari.E.S. (Madrid. España.)

Extracto de la obra de poesía: “Bioma”

Vieja, mi vieja puerta .(Imagen encontró (otro)poema)

Francisco Fernández Jiménez

Cuántas historias hay detrás de cualquier puerta, dímelo a mí. Yo apenas rondaba los 8 años, un niño creciendo en una sociedad que la modernidad  le gritaba a los ojos. Mi madre, hacia la maleta para llevarnos a visitar a mis parientes a 16 horas en carretera, en un pueblo llamado Cantaura al oeste de Venezuela.

Y allí estaba yo, no sólo bajándome del  autobús de aquel terminal improvisado de busetas y coches ,en medio de una plaza de un siglo cualquiera, menos este .

Allí estaba yo, un estereotipo de niño moderno o quizá una copia mal lograda de los niños del primer mundo en el tercero.

Y allí, justo en frente, esa puerta gigante, antaña, maltratada  y sobreviviente de las republicas instauradas y fallidas, todo un fortín custodiando los tesoros más preciados de mis tatarabuelos, que dormían detrás de esa puerta envejecida con rostro  casi humano, allí estaba yo.

Eran las 6 de la mañana y ahí estábamos parados en frente de aquella desprotegida puerta antañona vestida con una especie de cinturón ,muy extraño, recubriendo su barriga.

Allí, parado en la lejanía de un tiempo que transcurre , ha quedado esa puerta en mis recuerdos, tatuada  con la tinta ahumada de los evocaciones.Tiempo inclemente, tiempo que va desnudando puertas y memorias.

Hoy medio siglo después, mis viejos  ancestros siguen durmiendo detrás  de la vieja puerta custodiada por ese cinturón, muy extraño en su barriga, erigida como fortín ante los ojos de otra generación que vive , desafortunadamente, en otra fallida república. Esa, mi vieja,mi vieja puerta.


 Poema: José Lara Fuentes (Wales- Cardiff)

https://wordpress.com/stats/day/joselarafuentes.wordpress.com


Imagen: Francisco Fernández Jiménez (El Ejido, Almería)

http://youtube.com/c/Audiolibrosencastellano

 

Chica virtual (Busca imagen)

Tú y de nuevo tu
es en todo lo que suelo pensar cuando mi cuerpo yace casi inerte, sobre el gélido suelo de mi piso observando el puto cielo raso y aquella lámpara de luz como escape a mi realidad; como escape al puñado de mentiras al cual debo hacer frente cada día
Oportuno recuerdo de tu sonrisa, cuando el agobio y crudeza del mundo se proponen el reto de vencerme, y coño! de clavármela por niñato, por creer que la vida sería indulgente por creer que todos buscan el bien de quienes le rodean.
¡Un vete a la mierda y que os den por culo!  salen casi sin pensarlo, cuando hago recuerdo de todo esto.
tú y de nuevo tu
cuando volver a casa tan solo es agradable porque estas del otro lado de mi laptop
justo ahí, tan lejos y distante, pero con esa magia tan tuya que traspasa todos esos pormenores, que aleja circunstancias, problemáticas e ismos. Y cuando de nuevo, todo estereotipo dejas de lado
porque ves en mí, una persona. sea cual sea la historia, sea cual sea el destino elegido.
¡Tú, y de nuevo tú!
porque, aunque jamás estuve frente a ti, ni tuve el gusto de perderme en tu mirada
te encargaste de que siempre te sintiera; Justo ahí, justo junto a mí.
Tú y de nuevo tú, cuando es el alma y no el cuerpo quien exhala como último aliento, un estridente pero insonoro grito de auxilio, que pide por ti, que pide por nosotros.
Que pide agarrar con nuestras manos el mañana y mirar el pasado, a un ritmo descompasado.
Por todo ello debo decirte, quizá confesarte que eres mucho más que el trivial sinónimo de felicidad,
De lo agradable, de aquello que conforta y de aquello que alienta.
Y es que… si hoy debiera describirte y decir mucho más que lo evidente lo explícito y fundamental tendría que ir mucho más allá del fallujah. para hallarte así, verdaderamente entre lo increíble, lo extraordinario.
para decir que eres linda. Encaminarme tendría, en una infinita odisea donde la razón y aquello que se busca es encontrarte en donde realmente perteneces; ¡entre lo hermoso, y lo divino! ¡En donde hasta la mismísima venus tendría celos de ti! —¡lo juro!
Por último, y quizá lo más relevante que me reste decir
Razón de todo este typing e idea central de mis pensamientos, es hacer especial hincapié y hablar de la ternura que desbordas. Ternura que como palabra en analogía contigo queda corta de significado, Porque pareces haber sido creada de ello, como tu materia en esencia fundamental. Por qué pareces haber sido creada con eso que mueve el mundo en un ciclo de armonía. De aquello que traspasa barreras, circunstancias, Ideologías y modelos de pensamientos condicionados. De aquello que es más fuerte que cualquier odio, cualquier manto de oscuridad, o dolor que confine nuestras almas incluso. en definitivo, más fuerte que cualquier otra puta cosa, en el vasto universo.
y es por todo ello que tú, y de nuevo tu ¡Eres amor!
Tú, y de nuevo tú 
¡Eres mi idilio!


Wilson victoria (Santiago de cali-colombia)

De lo más leído… (2013)

El trueque

Sirviéndose del trueque, en otros tiempos, aún imaginamos las tablas de cambio como tablas de la ley, gran cantidad de campesinos, antes todos vivían de la misma tierra, salían adelante. Tu necesidad por la mía, aunque fuera la misma, simplemente un cambio en el menú, las tres lechugas de este reemplazarían al kilo de patatas de aquel. Cada capricho, si puede llamarse así, la cama de la noche de bodas, equivaldría a un gran juego de números y posibilidades, cambiarías con aquel primero para obtener el producto de aquel segundo y de nuevo regresar a aquel primero, que probablemente buscara jugosa manufactura. Aparecieron años después, cuando algunos imploraban nuevas tretas y necedades, las primeras monedas, antes piezas de cambio, repudiando lo ajeno en beneficio de lo propio, más cruz que cara, también canto. Se olvidaron entonces lechugas, patatas y camas de matrimonio, desbarajustes del ser, sobresaliendo los tenedores, jornada fija, sin cambios y con compras, comiendo todos del mismo metal. Entre los árboles más altos, a falta de monedas, voz baja hasta las tantas, colgadas las tablas en algún lugar, practicar el trueque sin nada suena divertido.

Jaime Gallego (Madrid)

El Trueque

Sirviéndose del trueque, en otros tiempos, aún imaginamos las tablas de cambio como tablas de la ley, gran cantidad de campesinos, antes todos vivían de la misma tierra, salían adelante. Tu necesidad por la mía, aunque fuera la misma, simplemente un cambio en el menú, las tres lechugas de este reemplazarían al kilo de patatas de aquel. Cada capricho, si puede llamarse así, la cama de la noche de bodas, equivaldría a un gran juego de números y posibilidades, cambiarías con aquel primero para obtener el producto de aquel segundo y de nuevo regresar a aquel primero, que probablemente buscara jugosa manufactura. Aparecieron años después, cuando algunos imploraban nuevas tretas y necedades, las primeras monedas, antes piezas de cambio, repudiando lo ajeno en beneficio de lo propio, más cruz que cara, también canto. Se olvidaron entonces lechugas, patatas y camas de matrimonio, desbarajustes del ser, sobresaliendo los tenedores, jornada fija, sin cambios y con compras, comiendo todos del mismo metal. Entre los árboles más altos, a falta de monedas, voz baja hasta las tantas, colgadas las tablas en algún lugar, practicar el trueque sin nada suena divertido.


Jaime Gallego (Madrid)

“Llamadas perdidas”

A veces la única solución es abrazar el problema. Quiero decirte que cuando quemas, incendio el mundo para acercarme a ti. Y que cuando no estás comienzo a temblar sólo para que me creas. Tengo tantas cosas que decirte que sólo me sale mirarte. Antes he mentido, también sigo temblando, pero créeme cuando te digo que dependo mucho de las cosas que se han ido, que han comenzado a faltar. Y que cada vez que suena el teléfono una parte de mí sigue esperando que seas tú, y que cuando llaman a la puerta, sólo puedo imaginarte al otro lado, y que quieras entrar a mi vida, y quedarte, y ser felices juntos. A veces necesito eso. Qué quieres que te diga soy una catástrofe y no puedo hacer nada porque no puedo ser menos de lo que no soy, ni más de lo que fui contigo.

Empiezo a creer que somos llamadas perdidas, de esas de que nunca te enteras cuando sucedieron. Pues así con ella. Y, es que del amor a sobrevivir hay un solo paso. Espero nunca lo entiendas. Aunque el problema muchas veces fue que cuando ya sólo sabíamos alejarnos teníamos la necesidad constante de demostrarnos las cosas cuando ya ni demostrar las cosas podía salvarnos. Y le echábamos la culpa a la distancia, porque las palabras ya no alcanzaban, y cuando le gritaba “atrévete” ella escuchaba las últimas cuatro letras: “vete” y la perdía cada vez más.

Tengo fotografías que nunca me hice con personas a las que jamás volví a ver. Pero qué hago si nunca aprendí a querer sino era arañándome por dentro. Y mañana siempre puede ser o no ser el día de cruzarnos, pero si lo hacemos será bonito porque no me reconocerás. Hazme caso, la vida comienza cuando conoces a alguien que te cambia los esquemas, las ganas, el mundo y acaba cuando un día despiertas y a tu lado ya no hay nadie sobre la cama, sólo tú.

A estas alturas parece que la única manera de escapar del precipicio es saltando en él, y que sea lo que tenga que ser. O que no sea, porque a veces, al no estar ella, suelo olvidar cómo era eso de vivir. Porque sin ti el verano es un poco invierno. Y con las demás estaciones ha sido igual.

 


Alejandro Segura (Puebla, México)
Blog: Entre tus blancos y mis grises.

Kilómetros

No me preguntes cómo he llegado hasta aquí. No lo hagas. Terminé cansándome de la tristeza, de las despedidas, de la esperanza, de los ojalás. De que te dieras cuenta de que seguía sonriéndote cuando ya te habías alejado. Eso, pero un día no me pude quedar más, así que intenté sobrevivir lo mejor que pude. Desperté un domingo y seguía cayendo igual de rápido, porque después de todo, las ausencias se me siguen notando en la sonrisa. ¿Sabes? Es como que algo importante falta y no sabes muy bien cómo llenar el espacio. No sé, quizá al final de eso se trata todo, de reemplazar el vacío. De ser otro diferente al que eras. De encontrar a quien piense que nuestras ruinas son un bonito lugar para construir. No sé si me explico, no de dejarlo todo por alguien, pero de darlo todo por algo, por cualquier cosa, que es mejor que quedarte con nada o peor aún, a medias. Y yo que pensaba que iba a quedarme esperando siempre ese autobús que ya había pasado, toda la vida. Y con el tiempo acabas entendiendo que la distancia no son los kilómetros, la distancia es abrazarse y no calar en la otra persona. Pero tú abrazas como sólo tú sabes hacerlo. Los kilómetros son de echarte de menos, son las ganas de volver a verte desde que te vas. Pero supongo que eso es el amor, que nunca logren alejarte del todo para hacerte olvidar. Todavía puedo sorprenderme. A lo mejor me verás algún día recordándote a escondidas, cuando nadie mire, y voy a sonreír hasta olvidar porque había empezado a hacerlo. Y te voy querer hasta que las cosas buenas dejen de ser difíciles. Esto lleva su tiempo, cariño, como las mudanzas, sólo que esta vez la que se muda eres tú y yo me quedo. Aquí. Donde siempre, donde tampoco se está tan mal sin tener la sensación de que ya sólo eres la mitad de algo que hace tiempo no está. Y luego regresarás, cuando ya sea demasiado tarde, y te diré que ya lo era desde antes de comenzar, luego tus ojos me dirán ‘ven’, mientras yo cerraré los míos como deseando escapar. Como si me recordara a mí mismo que me hace daño volver a excederme con el alcohol. Contigo, claro. Como si el día de mañana se resumiera al ir y venir de tu cabello o el de tus caderas. Así que me voy, no estaré antes de que vuelvas a mirarme como si quizá. Antes de que recuerde que las cosas van perdiendo sentido sino te llevo al lado. Así que prepárate cariño, la tormenta sigue aquí, y yo espero que nunca te des cuenta de que sigo teniendo un huracán en el pecho.

 


Alejando Segura Ciudad: Puebla (México) “Entre tus blancos y mis grises”.

 https://www.facebook.com/pages/Entre-tus-blancos-y-mis-grises

Estoy seguro de que me va a tocar volver a hacer que me da igual que te dé igual. Luego hará frío y la ventana de mi habitación se llenará de vaho y yo intentaré escribir mi nombre, pero no tendré espacio para la última letra porque ya olvidé como era eso de hacer las cosas bien, de complementar lo que me ha dejado incompleto. Y a lo mejor algún día dejaremos de depender de que personas que ya no nos necesitan. Olvidar es como evitar no intentar ser feliz constantemente. Es una contradicción como que el pasado guarda las peores cicatrices y los mejores momentos, y es inevitable mirar hacia atrás sin arañarse y sonreír en el intento. La solución sería la que pudieran darnos otras manos que aferradas a nuestro cuerpo nos hicieran sentir salvavidas pero empiezo a pensar que la salida más cercana es dejar la esperanza cuanto antes y que venga lo que tenga que venir, con tal de que nadie vuelva a irse sin nosotros. O con todo lo nuestro. Y es que no se puede hablar de nostalgia sin haber colgado un teléfono que ya no va a volver a sonar, ni se puede describir el miedo a perderlo todo sin haber estado cerca de perderlo. Qué dilema, como cuando descubrí que estabas más cuando te ibas. Y, por supuesto, que hubo más caricias que palabras vacías, igual que sus dibujos siempre fueron mejores que mis letras. Pero claro, el problema llega cuando uno sólo quiere recordar ciertas cosas y el otro no sabe ni qué tiene que olvidar. He acumulado todos nuestros insomnios. Me he quedado con los envoltorios de regalos que nunca nos hemos hecho. Y me tengo que guardar las ganas de todo lo que íbamos a hacer. Es una putada.

Me da pena perder lo que había antes de que todo empezara, pero ya no hay nada que hacer. Si tengo tres puntos suspensivos colgados en la pared y sólo se caen dos, la pared sigue siendo pared, pero ya no hay nada que no se tenga que acabar.

 


Alejando Segura Ciudad: Puebla (México) “Entre tus blancos y mis grises”.

La rosa más sevillana

En lo más profundo del más castizo sur tenía (y en ocasiones, todavía tiene) lugar un modo de vida anacrónico, obsoleto, que si bien se caía por su propio peso, ninguno de los que así se habían acostumbrado a existir estaba enterado o se preocupaba por esta situación.

Era una población minera y agrícola, provincia de Sevilla, de costumbres sencillas y sin más horizontes que los lindes de su pueblo si no era estrictamente necesario. Se conformaban con desarrollar sus físicos cometidos hasta tener lo suficiente para comer y tener descendencia, con puntuales aderezos que iban en todas las ocasiones de la mano del vino, del cante y del baile, estando estos dos últimos impregnados de  eso que llaman “duende”.

En casa del tejero de este lugar, un calé de vida paya, nunca nadie podría imaginar que crecería la flor más bonita de toda Andalucía. La mayor de doce hermanos, con una cabellera clara y ensortijada sobre su espalda, fuerte pero huesuda, con una piel blanca como el nácar y suave como los pétalos que estampados decoraban todos sus vestidos. De unas manos menudas, agrietadas del uso que requiere sacar adelante a una larga y hambrienta prole de hermanos de los que tuvo que hacer de madre sin tocarle. Tenía un brillo en los ojos, que no titubeaban ni ante el dolor de la guerra que habían visto. Le pusieron un nombre que casi parecía haberse inventado para ella, pues Gracia era y una gracia del mismo Dios les parecía a todos los que la habían oído reír alguna vez.

Tan linda era la muchacha que hasta el Padre Julián, que añejo y viajado, había visto más caras que cualquiera del pueblo, tornaba su siempre serísimo semblante, sin poder evitarlo, en un rostro con ojos entrecerrados para aguzar la vista y con los dientes sobre el labio inferior, al tiempo que musitaba “Qué niña más bonita”.

Ilustración de Alberto Soto

Ilustración de Alberto Soto

Poco más que para oír misa salía Gracia a la calle, pues estaba tan ocupada cuidando de su familia, que jamás pisó la escuela. De hecho eran tan pocas las veces que se dejaba ver, que ningún hombre se atrevía a rondarla por miedo a espantarla y no poder volverla a contemplar.

Cierto día de soleada primavera, se encontraba sacudiendo el polvo de una alfombra en su ventana, canturreando una coplilla que le había oído a su madre, cuando el único que reunió el valor para cortejarla la vio por vez primera. Es un momento que si bien ambos recordarían toda su vida, fue tan intenso como fugaz, apenas un cruce de miradas.

Desde ese mismo momento, el mozo se juró que no descansaría hasta tener la oportunidad de dirigirse a ella. Y así, “El Ruso”, como lo llamaban por lo alto y por lo rubio, se presentó día tras día, después de salir de una larga y durísima jornada en la mina, en la puerta de la casa en cuya ventana la había visto por primera y última vez. También se molestó en preguntar por ella a sus compañeros de trabajo, vecinos de la muchacha, consiguiendo de este modo averiguar que no salía casi nunca de casa, que sólo se la veía por la iglesia y siempre flanqueada por sus padres y hermanos, que trabajaba mucho y hasta consiguió saber su nombre. Así, el mozo descamisado y lampiño, esperaba y esperaba, siempre mirando hacia la ventana hasta que oscurecía.

En estos amplios tiempos de espera, mientras trabajaba o… Definitivamente en cualquier momento del día, pensaba en ella y daba vueltas a su cabeza atormentándose, buscando qué podría decirle cuando lograse verla. Al cabo del tiempo, con las cortinas de aquella ventana que continuaban sin abrirse ante sus ojos, le vinieron unas palabras inspiradas en un rizo y media nariz que en una ocasión consiguió verle un afortunado domingo en la puerta de la capilla. Éstas comenzaron a repetirse en su cabeza, era la mejor opción que se le había ocurrido para dirigirse a su amada.

Entretanto, Gracia, ajena a las vicisitudes del joven minero que la aguardaba en su puerta, seguía trabajando sin descanso día y noche, bella como siempre pero triste como nunca, pues día a día observaba cómo sus hermanos sí habían tenido la oportunidad de ir a la escuela a cambio de su propio sacrificio y en detrimento de su felicidad. No concebía ninguna salida posible de su situación,  y creyéndose condenada por el destino a jamás salir del bucle que era su existencia, aprovechaba cualquier posibilidad de esconderse para estar sola y amarga, llorar.

Por fin, en una tarde de verano, cuando rozaba El Ruso  la desesperación y el Sol parecía estar lanzándole ascuas sobre la frente, la ventana se abrió, se abrió como se deben abrir las puertas del cielo, y tras un instante inevitable de impresión, anonadamiento y un hasta un poco de miedo, el minero enamorado se puso por estandarte el coraje y la llamó por su nombre con la viveza de quien se niega a perder la oportunidad de su vida.

–          ¡Gracia! ¡Gracia! ¡Asómate,  por mi vida, asómate!

Cuando hubo captado su atención y sus ojillos pardos se habían entornado ante tales gritos, soltó aquello que tantas veces se había repetido en su cabeza: 

–          Al Sol y a la Luna le he prometido que por mi vida no dejo que la chiquilla más hermosa se pegue la vida entera trabajando sin saber que aunque ella no me quiera ¡No me moriré tranquilo hasta decirle, que me tiene loco de amores!

Aunque sonaba mejor en su cabeza, consiguió que le escuchase y no sólo eso, sino que además, ella se ruborizó y como la adolescente decente y nada acostumbrada a tales atrevimientos que era, soltó una risilla floja y corrió a meterse dentro de su casa.

Tras tantas horas debajo de esa ventana, se había quitado un peso de encima, cumpliendo el juramento que se había hecho a sí mismo y no solo eso, sino que además, se había quedado con una inefable sensación de felicidad que le provocaba el recuerdo de una sonrisa que no se le quitaba de la cabeza. Ella le había escuchado y para él, que humilde, no tenía pretensiones más ambiciosas, era suficiente.

Sin embargo, cuando ese mismo domingo, la hija del gitano tejero le dedicó un nuevo rubor de sus mejillas y una tímida mirada, supo que no podría dejar de esperar bajo su ventana hasta que fuera suya.


Ismael Piazuelo

http://lagacetadelpiamonte.com/


CAMINO DE LA SALVACIÓN

La ciudad que era la vida para nosotros se volvió de una sola calle, sin otras calles que la cruzaran, y con edificios muy altos a los lados, con ventanas muy altas, con fachadas oscurecidas por la suciedad o por la noche. Y debíamos avanzar por ella, porque siempre hay que seguir, con la única luz de una luna pequeña a gran altura, que veíamos difuminada, no sabemos si por la lejanía o porque la taparan neblinas.

Tras tal agitación, quedamos con la expresión de un bebé al que se reflota tras haberlo sumergido en agua, y al cabo teníamos que tratar de recuperar nuestras vidas. Pero cuando quisimos dar la vuelta no había lugar.

Y cuando empecé a crecer, cuando empecé a dejar de sentir la frescura del sol, cuando mis actividades empezaron a oscurecerse al aclararse… Entonces ella empezó a mecerme en sus dulces brazos, consolando y haciendo dulce mi oscuridad, mi claridad adulta, mi falta de claridad, de oscuridad infantil.

Y ahora me quiere hacer creer que no hay nada, que es todo sueño, que todo se ha de esfumar, que ni siquiera sabemos lo que se esfuma, que jamás alcanzaremos conclusiones más allá de que somos ángeles con grandes alas de cadenas. Está carcomiendo mis adentros, está llenando de agujeros los cimientos de mis seguridades mal forjadas. Tan solo me deja los placeres y dulzores de esta vida que  acaso no es sino corredor hacia la muerte.

Mas la esperanza no desaparece y me ayuda a caminar. Sé que mañana me casaré con una mujer que cultivará un jardín, como quería Voltaire, que agradecerá que en la tierra haya música, que descubrirá con placer cada etimología, que con ella jugaré en un café un silencioso ajedrez, que premeditaremos los colores y las formas de nuestra vida, que trabajaremos con responsabilidad aunque tal vez no nos agrade, que leeremos los tercetos finales de cierto canto. Sé que me casaré con una mujer que acaricie a nuestro gato cuando duerma, que justificará o querrá justificar los males que le hagan, que agradecerá que en la tierra haya Stevenson, que preferirá que los demás tengan razón. Sé que el día de mañana, juntos, ignorándonos a nosotros mismos, estaremos salvando el mundo.


Mateo Gandía Barceló (Nantes, Francia)

Explosión (Poema de Jaime Gallego para la ilustración de Luis Hernández Blanco)

Luis Hernández Blanco

Luis Hernández Blanco

 

El núcleo firme pero naranja, como la duda en un semáforo. Corola sin impurificar.La expansión de onda determinará la forma mediante cualquier cálculo matemático. Somos palomitas y explotaremos. Asegurarse de que la bolsa no presenta perforaciones y colocarla en el centro del microondas a la máxima potencia durante tres o cuatro minutos. Recreémonos en el intervalo.

 

Jaime Gallego (Madrid)

LA GRAN UTOPÍA

Nada más utópico que la vida.
¿La vida?
Si, la vida, esa calle de sentido único con final fatal, en la cual no hay marcha atrás,
te parecerá tan real, que cuando quieras darte cuenta, llegará el final,
instante en el cual recordarás; tu miedo, tu complejo, tu neurosis, tu verguenza… a vivir,
y sera ahí, en ese preciso momento, cuando entenderás,
lo utópico que pudo llegar a resultar.

 

Edu Soto Car (Murcia)

http://edusotocar.blogspot.com.es/

Evoluciones

1859, a partir de sus observaciones en Las Galápagos, Darwin determina que el hombre no es más que un episodio en la evolución del mono. Triste papel para el último.
Hoy, nuevamente, repite los juegos de equilibrios en el alféizar, esperando que un tierno ademán resbale el pie y se despliegue una de sus alas. El resultado, algún que otro moretón y unas ganas torpes de volver a intentarlo.
Sigue convencido de que el hombre no procede del mono.
Jaime Gallego (Madrid)

QUID PRO QUO

En cada viaje que haga al mar me robaré un trozo de playa, con sus olas, con sus mareas. Con sus caracolas. Me hurtaré un trozo de verano, con sus chiringuitos, con su arena. Con su aftersun.

En cada viaje que haga al mar me guardaré unos píxeles de las postales, con sus niños enganchados a un polo de limón, con sus marujas en tumbona. Con sus rubias en topless. Me quitaré una astilla de mi eterna trashumancia con espetos y tomatito picao, con hogueras fronterizas. Con amores de emergencia en un espigón.

Cualquier mañana de invierno, cuando te desayunes recuerdos, cuando tengas el pelo enredado de añoranzas, cuando mojes nostalgias en el café de la melancolía, hazme un favor: Vete en bus hasta Callao.

Pero no te bajes, mira desde la ventanilla a tu alrededor y verás un trozo del Mar de Alborán desbordarse por el suelo desnivelado, desde la plaza hasta la Gran Vía, metiéndose en los cines, en los Starbucks, en los hostales de ninguna estrella.

El oleaje salpicará los escaparates del Zara y el limpiabotas mexicano se refugiará en Doña Manolita. Las putas centroeuropeas de la calle Desengaño taconearán de contento al ver por vez primera el mar.

Entonces aparecerá la playa.

Y el verano.

Y las postales.

Y la arena insufrible dentro del bañador.

Y los negros con sus abalorios.

Y las chinas con sus masajes.

Y los canis con sus petas y sus rumbitas.

Y los niños jodiendo con la pelota.

Y el latero con cerveza-birra-bier a dos euros.

Y los guiris con cara de azafrán.

Y la música de Camarón, sobre todo Camarón.

Y todo lo demás.

-llévate la cámara, tendrás unas fotos del copón-

Bis 1:

Las autoridades medioambientales de tu ciudad siguen buscando al culpable del tsunami metropolitano. He sido yo; para que nunca extrañes tu sur

Bis 2:

Los organismos correspondientes tendrán que redibujar los mapas para que futur@s explorador@s sepan que el sur empieza en el centro, justo debajo de tus faldas.

Insomne ( Barcelona )

http://sinsuenyo.wordpress.com

Esperamos tu participación

Envíanos tus poemas (en prosa o verso), poemas visuales, dibujos, pinturas o fotografías y éstos serán publicados en nuestro Blog , página facebook (La poesía no muerde) y en Twitter  (@LapoesíanomuerD)

Únicos requisitos: Que sean propios y apropiados.

¡ Anímate!

Contacto vía correo electrónico (lapoesianomuerde@gmail.com) o mensaje privado (facebook)

con nombre, apellido o nombre de pila, ciudad actual o de origen y el enlace a una página propia que te gustaría compartir.

*Se ruega a los participantes que permanezcan atentos a los comentarios que reciban sus publicaciones 

**Por cuestiones de organización procurad remitir una colaboración por envío y no enviar más de una colaboración semanal


Aparición de dos nuevas categorías en el Menú de ” La Poesía no muerde”  :

– Poema busca Ilustración

– Imagen busca poema

Si encuentras un poema o una imagen que te inspira no dudes en enviarnos un correo electrónico a lapoesianomuerde@gmail.com. El conjunto (imagen + poema) se reblogueará. (Las categorías se irán actualizando constantemente)

También existe la opción de poner voz y/o melodía a cualquier poema. En el caso de que poema, imagen y voz se encontrasen se realizará un montaje al estilo “la Poesía no muerde”, como fue el caso para nuestra “Experiencia La Poesía no muerde”


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( Se autorizan (y agradecen) el reblogueo y la difusión de entradas)

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Buscando en cajas de cartón (Primera Experiencia “La Poesía no muerde”)

Mateo Gandía Barcelo

http://www.ivoox.com/buscando-cajas-carton-primera-experiencia-la_md_2651262_1.mp3″

Estoy buscando en cajas de cartón la verdadera razón para que te hayas marchado. Creo que jamás entenderé, que jamás veré un porqué me echaste a un lado. Si todo te lo he dado, si nada te ha faltado. Dime, amor mio, ¿En qué he fallado? Para mi has sido sagrado y no acepto que te vas. Que ya no me amas, que ya no estarás

Fue tu decisión partir y no puedo retenerte. Te fui a buscar a la estación de el tren para por última vez poder verte, escondida tras mis oscuros lentes. Vi cuando abordabas y quise detenerte. Mis ojos llenos de lágrimas entendieron que acababa de perderte. Que saliste de mi vida para siempre.

Alcancé a quitarme las gafas de sol, y antes de que partieras, por mas que doliera me acerqué a tu cristal. Rodó por mi mejilla una lágrima de súplica. Me miraste fijo y con seriedad dijiste adiós fríamente y te fuiste de mi vida para no volver jamás. En ese tren del olvido que ya no regresará

Siguiendo los pasos de la creación:

Imagen: Mateo Gandia (Villena, Alicante)

Prosa: Noelia Rivera Cotto (Puerto Rico)

Voz : Merche Galiano (Vitoria-Gasteiz)

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Media verdad escogida (Primera Experiencia “La Poesía no muerde”)

Juan López de Ael, dos mundos que son uno

http://www.ivoox.com/media-verdad-escogida-primera-experiencia-la-poesia-no_md_2647629_1.mp3″

De mis encuentros pequeños con gente que no quiero, de mis palabras calladas y mis excusas sinceras por irme, alejarme y liberarme. De todo lo indeseable, de mi diccionario de exabruptos, de mis ganas de no repetir el comportamiento tóxico de escuchar venenos y envenenarme, de las pesadillas, los fantasmas enemigos, las garrapatas insidiosas y los vampiros poco elegantes vestidos de marca y dinero. Del que quiera entender, de mi ser hipócrita, de lo peor que me carcome para hacerme claro sabiendo que tejen mentiras suaves arañas de terciopelo. De mis tumbas cavadas y mis muertes anunciadas. De la absoluta mitad de vida que no me gusta y no lucha.

 

 

Siguiendo los pasos de la creación:

Prosa: LaRataGris (Raul Sánchez, Badalona) www.laratagris.com

Ilustración: Juan López de Ael (Vitoria-Gasteiz)

Voz: Isabel Navarro (Madrid)  www.poguemahonex.wordpress.com

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El trueque

Sirviéndose del trueque, en otros tiempos, aún imaginamos las tablas de cambio como tablas de la ley, gran cantidad de campesinos, antes todos vivían de la misma tierra, salían adelante. Tu necesidad por la mía, aunque fuera la misma, simplemente un cambio en el menú, las tres lechugas de este reemplazarían al kilo de patatas de aquel. Cada capricho, si puede llamarse así, la cama de la noche de bodas, equivaldría a un gran juego de números y posibilidades, cambiarías con aquel primero para obtener el producto de aquel segundo y de nuevo regresar a aquel primero, que probablemente buscara jugosa manufactura. Aparecieron años después, cuando algunos imploraban nuevas tretas y necedades, las primeras monedas, antes piezas de cambio, repudiando lo ajeno en beneficio de lo propio, más cruz que cara, también canto. Se olvidaron entonces lechugas, patatas y camas de matrimonio, desbarajustes del ser, sobresaliendo los tenedores, jornada fija, sin cambios y con compras, comiendo todos del mismo metal. Entre los árboles más altos, a falta de monedas, voz baja hasta las tantas, colgadas las tablas en algún lugar, practicar el trueque sin nada suena divertido.

Jaime Gallego (Madrid)

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Todavía

Todavía me sorprendo

acariciando el rostro de aquella muñeca

que me regalaste.

 

Hay un pequeño rincón

donde compartimos

secretos de felicidad.

 

Veo difusas sombras

proyectadas en la pared

y tus manos mezcladas a las mías.

 

En las noches estivales

cargadas de luna

mi soledad vive tu recuerdo.

 

Hélène Laurent-Carmen Escohotadoibor,A tu encuentro, Colección Poesía en la Distancia 2012

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Sin título

Y me gusta observar, porque puedo todavía,

deleitarte con los pájaros, en el jardín

besar tus sienes, cuando duermes, en la mañana,

saborear el temblor de la risa a carcajadas.

 

Me gusta perderme en la inmensidad de tus ojos,

que nuestros alientos hinchen las velas,

y navegar rumbo al sur,

empujado por la fuerza del mar.

 

Y llegar a una tierra nueva

al lugar donde habita la memoria

y germinan recuerdos de todas las especies.

 

Quiero explorar tu patria

siempre nueva, cambiante y efímera

y a su vez inmortal.

 

Rosario Troncoso González- Hélène Laurent, A tu encuentro, Colección Poesía en la Distancia 2012

 

 

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Sin título

Arlequín y Colombina o arreglándose para salir, Luis Hernández Blanco

Arlequín y Colombina o arreglándose para salir, Luis Hernández Blanco

Hay un azul oscuro

esperando ahí fuera,

un azul intenso de abismo

que juega a engullir

el mar en sus azules brillantes

y el firmamento azul claro

en su prudencia.

 

Un silencio ensordecedor

se apropia la noche

mientras Colombina

descansa en sus blancas sábanas

y el triste Pierrot mira al cielo.

 

Arlequín sigue despierto:

dibuja en su máscara

corazones de miel

sin presentir la tragedia

que anida sigilosa en la noche.

 

Al calor del horno

el azul noche invade el papel

disolviendo, en cada letra,

la paleta de colores.

 

Poema:Laura Caro Pardo- Hélène Laurent,  A tu encuentro, Colección Poesía en la Distancia 2012

Ilustración: Luis Hernández Blanco (Valladolid) http://www.deshuesado.wordpress.com

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La cosa está jodida

Echo de menos

las caricias que vendí el otro día

para comprarme

caramelos de cristal.

 

     La aguja usada

     de mi bota de charol

     se afila al deslizar

     sobre mi alfombra de asfalto.

 

Y…

busco sonrisas que den sentido

a estas palabras

huérfanas de música.

 

Y…

busco palabras que den sentido

a mis huérfanas sonrisas.

     Paso

del tiempo.

     Betún

de judea.

 

Pedro Javier Martín Pedrós-Hélène Laurent, A tu encuentro, Colección Poesía en la Distancia 2012

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Sin Título

No pasaré la puerta.

Con la frente pegada al cristal

mis dedos pasean sobre su cuerpo

y dibujan

las flores del jardín.

Un gota fría

cae sobre mi rostro.

Él,

también llora.

Hélène Laurent, Al final poesía, Colección Poesía en la Distancia 2013

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En blanco

En el blanco silencio de la campiña

las chimeneas fabricaban nubes.

 

Metí en cajas luces, brillos y sonrisas angelicales

arranqué la estrella de cuajo.

 

La nieve lo cubrirá.

 

La abuela ha muerto.

     Se ha muerto la abuela.

Se convirtió en un rígido péndulo

y detuvo el tiempo.

 

Hélène Laurent, Al final poesía, Colección Poesía en la Distancia 2013

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Marioneta

Un día

que deambulaba

como marioneta de hilos invisibles

sentí el latir de un corazón extraño

retumbar en mis oídos.

Una fuerza desconocida

empujaba mi cuerpo a seguir su camino.

Pero una bofetada de viento

y el crujir de la hoja muerta

bajo mi pie,

me recordaron que estaba viva.

 

Hélène Laurent, A tu encuentro, Colección Poesía en la Distancia 2012

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666

Viste en mí

una diabólica asociación de seises

y tu retina me devolvía

una imagen monstruosa

y deformada de mí misma.

Niña mala.

El vio el triunfo de valores,

la osadía, el fin de la guerra.

Libertad.

Nunca conectamos,

no nos supimos entender

y se rasga la herida que otros cosieron

al observar impotente

que mientras mis ojos se abren

los tuyos

se cierran.

Hélène Laurent, A tu encuentro, Colección Poesía en la Distancia 2012

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