“Llamadas perdidas”

A veces la única solución es abrazar el problema. Quiero decirte que cuando quemas, incendio el mundo para acercarme a ti. Y que cuando no estás comienzo a temblar sólo para que me creas. Tengo tantas cosas que decirte que sólo me sale mirarte. Antes he mentido, también sigo temblando, pero créeme cuando te digo que dependo mucho de las cosas que se han ido, que han comenzado a faltar. Y que cada vez que suena el teléfono una parte de mí sigue esperando que seas tú, y que cuando llaman a la puerta, sólo puedo imaginarte al otro lado, y que quieras entrar a mi vida, y quedarte, y ser felices juntos. A veces necesito eso. Qué quieres que te diga soy una catástrofe y no puedo hacer nada porque no puedo ser menos de lo que no soy, ni más de lo que fui contigo.

Empiezo a creer que somos llamadas perdidas, de esas de que nunca te enteras cuando sucedieron. Pues así con ella. Y, es que del amor a sobrevivir hay un solo paso. Espero nunca lo entiendas. Aunque el problema muchas veces fue que cuando ya sólo sabíamos alejarnos teníamos la necesidad constante de demostrarnos las cosas cuando ya ni demostrar las cosas podía salvarnos. Y le echábamos la culpa a la distancia, porque las palabras ya no alcanzaban, y cuando le gritaba “atrévete” ella escuchaba las últimas cuatro letras: “vete” y la perdía cada vez más.

Tengo fotografías que nunca me hice con personas a las que jamás volví a ver. Pero qué hago si nunca aprendí a querer sino era arañándome por dentro. Y mañana siempre puede ser o no ser el día de cruzarnos, pero si lo hacemos será bonito porque no me reconocerás. Hazme caso, la vida comienza cuando conoces a alguien que te cambia los esquemas, las ganas, el mundo y acaba cuando un día despiertas y a tu lado ya no hay nadie sobre la cama, sólo tú.

A estas alturas parece que la única manera de escapar del precipicio es saltando en él, y que sea lo que tenga que ser. O que no sea, porque a veces, al no estar ella, suelo olvidar cómo era eso de vivir. Porque sin ti el verano es un poco invierno. Y con las demás estaciones ha sido igual.

 


Alejandro Segura (Puebla, México)
Blog: Entre tus blancos y mis grises.

Kilómetros

No me preguntes cómo he llegado hasta aquí. No lo hagas. Terminé cansándome de la tristeza, de las despedidas, de la esperanza, de los ojalás. De que te dieras cuenta de que seguía sonriéndote cuando ya te habías alejado. Eso, pero un día no me pude quedar más, así que intenté sobrevivir lo mejor que pude. Desperté un domingo y seguía cayendo igual de rápido, porque después de todo, las ausencias se me siguen notando en la sonrisa. ¿Sabes? Es como que algo importante falta y no sabes muy bien cómo llenar el espacio. No sé, quizá al final de eso se trata todo, de reemplazar el vacío. De ser otro diferente al que eras. De encontrar a quien piense que nuestras ruinas son un bonito lugar para construir. No sé si me explico, no de dejarlo todo por alguien, pero de darlo todo por algo, por cualquier cosa, que es mejor que quedarte con nada o peor aún, a medias. Y yo que pensaba que iba a quedarme esperando siempre ese autobús que ya había pasado, toda la vida. Y con el tiempo acabas entendiendo que la distancia no son los kilómetros, la distancia es abrazarse y no calar en la otra persona. Pero tú abrazas como sólo tú sabes hacerlo. Los kilómetros son de echarte de menos, son las ganas de volver a verte desde que te vas. Pero supongo que eso es el amor, que nunca logren alejarte del todo para hacerte olvidar. Todavía puedo sorprenderme. A lo mejor me verás algún día recordándote a escondidas, cuando nadie mire, y voy a sonreír hasta olvidar porque había empezado a hacerlo. Y te voy querer hasta que las cosas buenas dejen de ser difíciles. Esto lleva su tiempo, cariño, como las mudanzas, sólo que esta vez la que se muda eres tú y yo me quedo. Aquí. Donde siempre, donde tampoco se está tan mal sin tener la sensación de que ya sólo eres la mitad de algo que hace tiempo no está. Y luego regresarás, cuando ya sea demasiado tarde, y te diré que ya lo era desde antes de comenzar, luego tus ojos me dirán ‘ven’, mientras yo cerraré los míos como deseando escapar. Como si me recordara a mí mismo que me hace daño volver a excederme con el alcohol. Contigo, claro. Como si el día de mañana se resumiera al ir y venir de tu cabello o el de tus caderas. Así que me voy, no estaré antes de que vuelvas a mirarme como si quizá. Antes de que recuerde que las cosas van perdiendo sentido sino te llevo al lado. Así que prepárate cariño, la tormenta sigue aquí, y yo espero que nunca te des cuenta de que sigo teniendo un huracán en el pecho.

 


Alejando Segura Ciudad: Puebla (México) “Entre tus blancos y mis grises”.

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Estoy seguro de que me va a tocar volver a hacer que me da igual que te dé igual. Luego hará frío y la ventana de mi habitación se llenará de vaho y yo intentaré escribir mi nombre, pero no tendré espacio para la última letra porque ya olvidé como era eso de hacer las cosas bien, de complementar lo que me ha dejado incompleto. Y a lo mejor algún día dejaremos de depender de que personas que ya no nos necesitan. Olvidar es como evitar no intentar ser feliz constantemente. Es una contradicción como que el pasado guarda las peores cicatrices y los mejores momentos, y es inevitable mirar hacia atrás sin arañarse y sonreír en el intento. La solución sería la que pudieran darnos otras manos que aferradas a nuestro cuerpo nos hicieran sentir salvavidas pero empiezo a pensar que la salida más cercana es dejar la esperanza cuanto antes y que venga lo que tenga que venir, con tal de que nadie vuelva a irse sin nosotros. O con todo lo nuestro. Y es que no se puede hablar de nostalgia sin haber colgado un teléfono que ya no va a volver a sonar, ni se puede describir el miedo a perderlo todo sin haber estado cerca de perderlo. Qué dilema, como cuando descubrí que estabas más cuando te ibas. Y, por supuesto, que hubo más caricias que palabras vacías, igual que sus dibujos siempre fueron mejores que mis letras. Pero claro, el problema llega cuando uno sólo quiere recordar ciertas cosas y el otro no sabe ni qué tiene que olvidar. He acumulado todos nuestros insomnios. Me he quedado con los envoltorios de regalos que nunca nos hemos hecho. Y me tengo que guardar las ganas de todo lo que íbamos a hacer. Es una putada.

Me da pena perder lo que había antes de que todo empezara, pero ya no hay nada que hacer. Si tengo tres puntos suspensivos colgados en la pared y sólo se caen dos, la pared sigue siendo pared, pero ya no hay nada que no se tenga que acabar.

 


Alejando Segura Ciudad: Puebla (México) “Entre tus blancos y mis grises”.