El corazón…

El corazón existe.
Sobrevive y se multiplica en el agua.
Lo fecundan la tinta y el humo,
la soledad, la resignación.Pero el tiempo lo destruye,
la espera, la impaciencia
de la eternidad.

El corazón se agobia
entre tanta luz derramada,
se pierde entre tantas venas nocturnas
y múltiples fantasmas, y ama,
como a obscuras y se hace pequeño
dentro de su madeja de sombras.

El hilo del corazón pende,
se tensa a la vuelta del día,
se adelgaza hora tras hora
y se pudre como ojos en
la cuenca de la muerte.

El corazón apenas crece,
golpea con su soplo el pecho
dulce de la lujuria adolescente,
y derrama lágrimas de sal
en la vejez del alma.

Se quedará vivo de sueños
a medias noches,
por lunas, por soles,
por océanos de lentas calmas.

El corazón no pide,
siempre se regala
y se tiende a los pies de
alguna sangre tibia,
a tomar del calor humano,
a beberse y a devorarse a sí mismo.

El corazón existe,
enfermo y quieto.
Exprimido y triste,
a veces por las lluvias,
a veces por las canas.

Persiste, corazón de sombra,
el perro que jadea sangre,
el órgano de mi que me sobra.

Daniel García (Guadalajara, México)

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