Cuentas pendientes

Sigo atrapado entre cuentas pendientes y pendientes que cuesta trepar. Entre dudas pasadas y deudas con el pasado. Entre  apuestas ya miradas para el futuro y apuestas miradas que me lanza la diosa Fortuna.

La salida de emergencia no es una opción, el miedo a lo desconocido y a la oscuridad que acecha detrás de esa puerta hace que no lo sea, así que todos huimos hacia delante perdiendo por el camino el presente…

Con el presentimiento de que alguien trazó este camino por nosotros en el laberinto que es la  vida. Y que si hubiésemos intentado abrir alguna de esas puertas que no elegimos,  esas que podrían haber cambiado radicalmente el rumbo de nuestra vida, habríamos descubierto que siempre habían estado cerradas.

Alejandro Mendicote (Madrid) @amendicote

canal youtube: https://www.youtube.com/user/AlejandroMendicote

Oasis privado

¿Sabes? Hoy no tengo ganas de enfrentarme al mundo.

Hoy tengo ganas de atarte a mi mundo. De acariciarte con mi mirada aunque estés sin maquillar y de convertir la cama en nuestro oasis privado, escondidos del desierto de la monotonía que nos espera ahí fuera.

Quiero hacer volar mi mano sobre tus curvas y que, como en el anuncio, me susurres al oído con picardía “¿te gusta conducir?”.

Quiero que las sábanas nos protejan de la mediocridad y de la rutina de este martes por la mañana. Paso del silencio incómodo con el vecino mientras espero el ascensor,  reniego del andén abarrotado en el que todos cogemos el tren mientras soltamos la vida y sobre todo, rechazo el papel que se me ha asignado, pudiendo pasar de salir a escena y quedarme en tu regazo.

 

Alejandro Mendicote (Madrid)

@AMendicote

 

 

Podrías escribirme algo

“Podrías escribirme algo” me dijo mientras acariciaba la vieja guitarra que compré cuando todavía tenía sueños y que nunca llegué a tocar. Vestía la camisa que hace unas horas llevaba puesta yo, y la conjuntaba con su eterna sonrisa de niña buena. Esa que ponía al hablar con mi hermana pequeña, o al atarme a la cama.
Y sí, por una vez era afortunado de tener la culpa de algo. La culpa de que sólo llevase puesta mi camisa, o de que el rojo de sus labios estuviese hoy un poco desgastado. Aunque daba gracias de que su rímel permaneciese intacto, porque… ya sabes, tengo especial habilidad para convertir unos ojos bonitos en dos ríos de tinta negra que desembocan en las mejillas. Así que hoy me encantaría regalarle  algunas palabras tatuadas en papel, que pudiese romper en un futuro mientras  me insultaba si llegaba a hacerle daño. Pero era difícil.
Difícil como ella, porque… ¿cómo contarle a la hoja en blanco, que no brilla tanto como su sonrisa?, ¿cómo explicarle al bolígrafo que su tinta no tiene nada que hacer contra el azul de sus ojos?, o ¿cómo escribir su nombre acariciando el teclado cuando me muero por hacerlo pero en su espalda?…

 

Alejandro Mendicote ( Madrid) @AMendicote