Vino a mi encuentro. Paseó su mirada por mí, poseyéndome educadamente, y yo,
macerando en la dicha de observar la placidez disociada que surge de algo para habitar
en lo real, lo observé, casi tangible… . Recibir, en cortesía reciproca, algo de el eco de
sus acciones. Conservar, aquello dirigido a mí, sin tocarlo, ¡que llegue!, el lazo de calor
que se forma entre dos personas, que deviene en fervoroso, limpio, cuando ya ha
pasado… . Y me toca otro eco, que pide un baile… .
Como la ensoñación dulce de una locura vivida con madurez, no lo medito porque estoy
desnudo. No me entrego, no voy, envuelto en mi propia negatividad, a través de música
en otrora tendente a lo impersonal, sintiéndome culpable por el antaño tedio con
aquellas láminas… . Sin embargo creo en lo que irradia mi centro, lo que también
irradian sus iris, el regalo. Me desato como quitan los matojos los tercos, como el que se
deja llevar por una partida de naipes, ciego en mi necedad, inmaduro, como si hubiera
venido al mundo en aquellos pasados tres días de soledad, queriendo llegar esta vez,
queriendo llegar. Aún así… .


Unari.E.S. (Madrid. España.)

Extracto de la obra de poesía: “Bioma”

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