HABLÁNDOLE A LA MUERTE

Carlos Fred Quisiyupanqui Ascate

Carlos Fred Quisiyupanqui Ascate


¿Tan  pronto vienes a mí?

Parece que fue ayer que empecé  este camino,

Camino que me hizo dudar más de una vez,

Más sin embargo lo he continuado,

Que pronto pasó el tiempo,

Sería fácil decir que ni siquiera lo sentí,

Pero la verdad es que si,

¿Has visto las estrellas?

Es curioso que yo las vea y quiera pensar que son su mirada,

La verdad es que solo veo luces en el cielo,

No veo ninguna mirada,

Ni un rostro en ellas,

Son tan bellas,

Pero su belleza para mí, radica en la paz que me dan,

Tantas veces he dicho que al verlas pensé en alguien,

Pero la verdad es que esperaba que ese alguien también las viera,

Que nuestras miradas se cruzaran ahí,

Que nuestros pensamientos convergerían en alguna de ellas,

He cometido muchos pecados,

Pero el de que más me arrepiento es el dejar que el tiempo huyera como agua que cae de un vaso,

Pude hacer mil cosas,

No las hice,

No culpo a nadie;

Guardas ese silencio que habla tanto,

Ese silencio que me revienta los tímpanos con sus campanadas insolentes de prisa,

Habido mil días en que me hubiera derrumbado en tus brazos,

Pero no podía,

La vergüenza me atosigaba.

Cuanto llevamos acá sentados,

Y yo recién siento el deseo de hablar,

Será porque no soporto sentir tanto vacío dentro de mí,

Quiero que al menos la nada entre en mí,

Mi carne es todo lo que tengo,

Mis huesos son ajenos,

Mi mente padece de la carencia del que escucha y conversa,

De qué sirve leer tanto si no tienes con quien conversar,

De sentarte a su lado y hablar,

O recostarte en la cama y hablar de tantas cosas mientras te muerdes el labio inferior,

¿Quién se da cuenta de ese detalle?

Ya no está,

Mi pecado, perderla de mi lado,

Es más fácil flagelarse que decir la verdad,

¿Pero cuál es la verdad?

¿Esa que nunca hablamos o esa que gritamos y nadie escucha por considerarla frívola y vacía?

¿Qué diablos son las palabras?

Sólo sonidos que se graban en la mente,

Y tengo tantos sonidos en mi mente,

Pero he olvido la mayoría,

Lo que más recuerdo son los detalles,

Esos que poca atención se presta,

Creo que eso es lo que llamamos amor,

Esos detalles en los que toman tus manos y las acarician,

Y tú dices que temes lastimar porque son toscas y ásperas,

Toscas y ásperos es el miedo,

Es más apesta más que el vino rancio o la carne del carnicero que veo de semana en semana,

Hablando de eso,

He visto tantos cadáveres,

Sólo son negocios,

Sólo son dinero,

Nada más que eso,

Cierto salgo del tema,

Pero es que el problema ya no tengo palabras en la mente,

No tengo nada más que decir,

O quizás se hayan escondido en algún lugar,

Uno de esos en los que nadie mira porque es demasiado evidente buscar ahí,

Si, lamentablemente soy uno de esos,

No sé cuántos seamos,

Nos contaría,

Pero es que no los soporto,

Con duras penas me soporto yo,

Y eso ya es demasiado decir.

Cuando gustes tomare tu rumbo,

Nada me detiene más,

No hay motivos para quedarme,

Los pocos que tenía ya se fueron de aquí,

Partieron apenas salió el sol.

Sabes no tengo motivos para quedarme,

No tengo ninguno,

Y por eso considero que tengo todos;

Quiero esa mano que se aferra a la mía,

Mientras hablo cosas sin mayor valor que la mera frivolidad de fingirse sabio,

Mientras me muerdo el labio inferior.


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