Me pregunto…

Me pregunto dónde quedaron

los eternos días de verano de cien horas.

Buscando tréboles de cuatro hojas.

Devorando bocadillos de tortilla de patata

tras veinte chapuzones en la piscina

y cuatro pachangas con el Questra

mientras otros perdían en cuartos.

Calcomanías, pulseras,Reeboks the Pump sin calcetines,

pistolas de agua y Calippos de lima limón.

Bicicletas de montaña,

moras en las zarzas del camino

y picaduras de mosquito.

Cigarros que sabían a perro y a prohibido.

Trescientas pesetas, y las matemáticas para septiembre.

 

Las mismas calles siguen ahí, tan cerca, aunque todo me queda lejano ya.


David San Cristóbal (Logroño)

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