Peregrinos sin apóstol

¡Han desembarcado!
Distantes, opacos, se les ve venir.
Lejos, muy lejos, congelados en el tiempo.

Tan lejos parecen no tener miedo, pero deambulan inquietos
como una banda de música sin director.

Pisan tan fuerte la tierra
que abre sus carnes,
derramando conciencias.

Poco a poco se acercan
al rebufo de las olas de arena
con la desconfianza y pavor
de un soldado en un campo de minas,
volviendo sus cabezas
para comprobar que el mar borró sus huellas,
sin querer saber,
que el destino tiene memoria
y el horizonte brazos muy largos.

Siguen caminando, perdiendo otoños,
con zapatos de aire y tobillos de barro.
Concentrados en un punto fijo
que se balancea ebrio de incertidumbre.

Por fin van llegando
a una Ítaca sin Ulises,
inventando esperanzas
y ofreciendo risas de metal.

¡Ya están aquí!
Como peregrinos sin apóstol,
con bastones de tibias
y mochilas de vértebras enquistadas.

Y aunque Santiago no recibe hoy,
siempre les quedará en su orgullo,
que derritieron sus vidas
para congelar sus sueños.

José Luque (Málaga)

@jos_lulo

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