El Trueque

Sirviéndose del trueque, en otros tiempos, aún imaginamos las tablas de cambio como tablas de la ley, gran cantidad de campesinos, antes todos vivían de la misma tierra, salían adelante. Tu necesidad por la mía, aunque fuera la misma, simplemente un cambio en el menú, las tres lechugas de este reemplazarían al kilo de patatas de aquel. Cada capricho, si puede llamarse así, la cama de la noche de bodas, equivaldría a un gran juego de números y posibilidades, cambiarías con aquel primero para obtener el producto de aquel segundo y de nuevo regresar a aquel primero, que probablemente buscara jugosa manufactura. Aparecieron años después, cuando algunos imploraban nuevas tretas y necedades, las primeras monedas, antes piezas de cambio, repudiando lo ajeno en beneficio de lo propio, más cruz que cara, también canto. Se olvidaron entonces lechugas, patatas y camas de matrimonio, desbarajustes del ser, sobresaliendo los tenedores, jornada fija, sin cambios y con compras, comiendo todos del mismo metal. Entre los árboles más altos, a falta de monedas, voz baja hasta las tantas, colgadas las tablas en algún lugar, practicar el trueque sin nada suena divertido.


Jaime Gallego (Madrid)

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