Podrías escribirme algo

“Podrías escribirme algo” me dijo mientras acariciaba la vieja guitarra que compré cuando todavía tenía sueños y que nunca llegué a tocar. Vestía la camisa que hace unas horas llevaba puesta yo, y la conjuntaba con su eterna sonrisa de niña buena. Esa que ponía al hablar con mi hermana pequeña, o al atarme a la cama.
Y sí, por una vez era afortunado de tener la culpa de algo. La culpa de que sólo llevase puesta mi camisa, o de que el rojo de sus labios estuviese hoy un poco desgastado. Aunque daba gracias de que su rímel permaneciese intacto, porque… ya sabes, tengo especial habilidad para convertir unos ojos bonitos en dos ríos de tinta negra que desembocan en las mejillas. Así que hoy me encantaría regalarle  algunas palabras tatuadas en papel, que pudiese romper en un futuro mientras  me insultaba si llegaba a hacerle daño. Pero era difícil.
Difícil como ella, porque… ¿cómo contarle a la hoja en blanco, que no brilla tanto como su sonrisa?, ¿cómo explicarle al bolígrafo que su tinta no tiene nada que hacer contra el azul de sus ojos?, o ¿cómo escribir su nombre acariciando el teclado cuando me muero por hacerlo pero en su espalda?…

 

Alejandro Mendicote ( Madrid) @AMendicote

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