Estación abandonada (Segunda parte )

Roberto Cabral

Roberto Cabral

(Si te perdiste la primera parte pincha aquí: http://wp.me/p3U19M-JE )

 

Ellos no solo lo ven, sino que lo sienten, porque les duelen los dedos de tantos mineros que dieron a las fauces de las miles de otras locomotoras alimentos , crepicantes y calientes para el estómago del continente ilustrado que todo lo engulle, porque en este preciso instante, el viento hace crujir las ventanas de las estaciones berlinesas, o mueve la niebla en la estación de Austerlitz en París, o silva a un ritmo frenético en la estación de Florencia. Quique escucha ese viento que recorre el continente mientras oye y ve las voces desperdigadas con los ojos cerrados por todo el continente.

 

Sigue la sinfonía aritmética que la noche escucha en su único fondo sonoro dentro de sus oídos, nada se ve dentro de la estación vacía, y en cambio todo habla. Allí en un inmenso tema metálico las tramoyas de acero siempre paralelas a ras de tierra llevan sus compases a todas las penínsulas y a todos los confines, porque el misterio cruza las fronteras sumando melodías, como la que ocupa a nuestro protagonista, que puede volver a escuchar de nuevo sin recordarla al poco tiempo. Es apoteósico porque están en un plano de la tierra donde oyen las factorías y las montañas de bobinas que construyeron las locomotoras, recitan el himno de la primigenia riqueza, la de los albores de las naciones, la riqueza del sometimiento de la naturaleza para explorar nuevas tierras, la que se pisa por primera vez y se siente plena debajo de los pies.

 

Pero a nuestros amigos allí sentados, en silencio con los ojos cerrados y fantaseando con largos viajes, algo les atrae la atención, un blues que suena a lo lejos, tal vez de alguna ventana lejana, o un grupo de mendigos que viene a dormir a rotos vagones abandonados. No lo saben. Pero el viento lo trae y son muy libres de imaginar en esta noche. Allí mudos dicen que es un buen sitio para beber, para charlar sin pensar el que, para escuchar aquella música o para recitar un largo poema homérico. Porque allí, frente a lo que creen ver como sombras, se imaginan un gran puerto, lleno de naves que arrastran como grandes gusanos sus cargamentos. Cruzándose en destinos, descargando, en sincopado movimiento, porque el mar es la tierra, y los peces sus hombres, y los edificios sus escollos. Y los trenes musicales las naves surcando el agua.


Imagen: Roberto Cabral Castañeda
 
Texto: EljovenQuevedo @theyoungQuevedo  (twitter)  http://elhpc.blogspot.com.es/

 

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